...«Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra»[1 Reyes 17:7 ]
Semana tras semana, con espíritu firme e incansable, Elías observaba cómo se iba secando el arroyo. A menudo se veía tentado por la incredulidad, sin embargo, se negaba a permitir que sus circunstancias se interpusieran entre él y Dios. La incredulidad ve a Dios a través de las circunstancias, tal como en ocasiones vemos desdibujarse los rayos del sol en un día nublado, mientras que la fe se planta firme en medio de Dios y las circunstancias, y las observa a través de Él. Y así fue que el arroyo se redujo a un hilo plateado; y el hilo plateado permaneció junto a las rocas de los más grandes estanques; y los estanques se redujeron; las aves migraron; las criaturas salvajes de los campos y los bosques ya no regresaron allí a beber; y el arroyo se secó. Y fue entonces que a su espíritu paciente y resuelto «vino palabra del Señor, diciendo: “Levántate, vete a Sarepta”».
La mayoría de nosotros nos hubiéramos preocupado y hecho toda clase de planes mucho antes de eso. Habría cesado nuestro canto ni bien hubiésemos notado que el arroyo comenzaba a descender con menos fuerza entre su lecho rocoso; y con arpas meciéndose entre los sauces, hubiésemos deambulado de aquí para allá en medio de los pastizales secos, perdidos en nuestras cavilaciones. Y probablemente, mucho antes de que se secase el arroyo, habríamos elucubrado algún plan y le habríamos solicitado a Dios Su bendición para volver a empezar en otro lugar.
A menudo Dios nos permite salirnos de la situación, porque Su misericordia es para siempre, pero si tan solo hubiésemos esperado a ver cómo discurrían Sus planes, jamás nos habríamos encontrado en semejante laberinto, y jamás habríamos tenido que vernos obligados a desandar nuestros pasos en medio de lágrimas de vergüenza. ¡Espera, espera pacientemente! F. B. Meyer... Continuar...
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ORACIÓN PARA HOY:
Padre Celestial, concédeme la bendición de una relación íntima y profunda contigo. Impárteme de tu gran fe, recordando que «lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20). Permite que esta fe me sostenga, de tal manera que, cuando las circunstancias sugieran que callas, yo logre caminar por fe y no por vista. Amén.
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La Biblia deja muy en claro que debemos andar por fe y no por vista. Si empezamos a confiar o apoyarnos demasiado en nuestros sentimientos como indicadores de qué tal nos va espiritualmente, nos volveremos muy inestables. Seremos como las olas del mar, arrastrados por el viento de los sentimientos y echados de una parte a otra[Santiago 1:6] María Fontaine
ESCUCHE ESTA BELLA CANCIÓN:
¡Con mucho amor y oraciones!
Hugo & Elizabeth
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