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jueves, 18 de junio de 2026

DISCIPLINAS ESPIRITUALES: LA CONFESIÓN

 

Peter Amsterdam 

Un conocido proverbio escocés afirma que «la confesión es saludable para el alma», y así es. Cuando procuramos profundizar nuestra relación con el Señor para vivir una vida centrada en Dios, confesar nuestros pecados desempeña un papel importante.

La disciplina espiritual de la confesión está relacionada con los pecados que cometemos después de habernos salvado. Cuando aceptamos a Jesús como Salvador nuestros pecados quedan perdonados y por ende quedamos justificados ante Dios y tenemos certeza de nuestra salvación[1]. En Su gran amor por la humanidad, Dios dispuso una vía para reconciliarnos con Él. Esa vía es el sacrificio de Su Hijo, Jesús, que dio Su vida para que pudiésemos nacer de nuevo como integrantes de la familia de Dios. La salvación cambió nuestra relación con Él. Ahora es nuestro Padre[Gálatas 4:4–7]. Somos parte de Su familia por la eternidad.

Sin embargo nacer de nuevo no significa que ya no pecamos o que cuando lo hacemos nuestros pecados no tienen consecuencias. El pecado tiene efectos negativos en nuestra vida y en la de los demás, y sobre todo, en el daño que hace a nuestra relación personal con Dios. El pecado abre una brecha en nuestra relación con nuestro Padre. La confesión repara esa brecha. La rectificación requiere un esfuerzo de nuestra parte. Es similar al esfuerzo que debemos hacer para restaurar una relación con otra persona a quien hemos herido u ofendido... Continuar... 

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ORACIÓN PARA HOY:

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás. Amén (Salmos 32:2-7) 

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Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. 1 Juan 1:9 NVI

Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz[Santiago 5:16 NVI].

Cuando acudimos al Señor para confesar nuestros pecados, puede que lo hagamos con pesar, tristeza y contrición, pero después podemos partir con una gran alegría. La alegría de haber sido perdonados, de que nuestra relación ha quedado restaurada y la carga de nuestros pecados no nos impide estar en Su presencia. La confesión nos lleva a la celebración. Nuestros pecados son perdonados, nuestra vida se ve transformada. En resumidas cuentas, «la confesión es buena para el alma».

ESCUCHE ESTA BELLA CANCIÓN:  Porque por gracia sois salvo 

 

¡Con mucho amor y oraciones!

Hugo & Elizabeth

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