Ningún cristiano es perfecto: todos cometemos errores, todos pecamos y ninguno refleja completamente el espíritu de Cristo ni lo logrará en esta vida. No es posible cultivar un carácter afín a Dios acatando una serie de reglas por mero sentido del deber, o con la idea de que si hacemos todo lo correcto estilo robots llegaremos a vivir en consonancia con Cristo. Aunque hay determinadas cosas que hacer y reglas que observar, no es la observancia maquinal de estas la que nos hace más cercanos a Dios. Se trata más bien de cumplir esas cosas motivados por el amor que abrigamos por Dios, el cual mora dentro de nosotros. Los actos que reflejan conformidad con Dios emanan de nuestro ser interior y son producto de la transformación que se operó en nosotros al momento de entablar una relación con Dios, cuando nos convertimos en creación nueva (2 Corintios 5:17). La transformación de nuestro carácter es por obra del Espíritu Santo.
Por supuesto que algún esfuerzo debemos poner de nuestra parte para ser mejores imitadores de Cristo. A fin de lograr que nuestra vida, pensamientos y actos coincidan con las enseñanzas de la Escritura es preciso que cada uno tomemos con regularidad determinadas decisiones morales. Todo esto, sin embargo, debe enmarcarse dentro de la gracia de Dios. Es el Espíritu Santo el que realiza cambios en nuestra vida tendentes a lograr una mayor similitud con Cristo. Algo de nuestra parte debemos cumplir nosotros, pero la transformación propiamente dicha procede del Espíritu Santo. Peter Amsterdam... Continuar...
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ORACIÓN PARA HOY:
Padre Celestial,
Gracias porque no me pides perfección, sino un corazón dispuesto y renovado. Reconozco mi necesidad de ti y admito que muchas veces fallo. Hoy decido poner de mi parte para alinear mis pensamientos y acciones con tu Palabra, pero confío plenamente en que la verdadera transformación de mi carácter es obra de tu Espíritu Santo. No quiero vivir una fe mecánica ni robótica; quiero que mi obediencia nazca del profundo amor que te tengo. Moldea mi vida a la imagen de Cristo. Amén.
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Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta. Romanos 12:1–2
ESCUCHE ESTA BELLA CANCIÓN: Batallas nunca cesaran
¡Con mucho amor y oraciones!
Hugo & Elizabeth
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